Cotizado soltero. ¡Yo no lavo platos!


No comenzaré por decirles que ser soltero es el estado natural del hombre, ni tampoco decirles cuántos años de mi infancia me imaginé en mi departamento de soltero disfrutando de lo lindo las mieles de la vida, esto último me lo guardo para mí; de lo primero, creo que aunque sea un cliché, es algo valioso y que debemos de disfrutar mientras nos dure el gusto, ¿no?. Por lo demás, quiero empezar esta serie de entregas con algo a lo que todos los compañeros solteros nos enfrentamos: Tener que lavar la vajilla; claro, siempre cuando se cuente con una.

Lavar los platos es una tarea fastidiosa y amarga para el soltero solitario, ante la cual se abren una serie de posibilidades de lo más diversas:

– Usar platos y vasos desechables: Es un método eficaz pero poco ecológico, costoso y que genera un problema adicional: el tener que sacar la basura con más frecuencia

– Alimentar a un amigo: Los gatos son un excelente animal de compañia que causa pocos perjuicios si exceptuamos la caída de pelo, los gritos que dan cuando están hambrientos y sus fastidiosos hábitos sexuales. Estos animales poseen una lengua rasposa y áspera que deja los platos relucientes y completamente secos: la alternativa más ecológica a la máquina lavaplatos.

– Dejar que los platos se amontonen en el fregadero: Lo mejor es tener un fregadero grande y que soporte grandes pesos. Si el tuyo requiere de refuerzos, no lo pienses y llama a tu arquitecto de cabecera.

– Sustitución de la vajilla: A menudo ignoramos la estupidez de las costumbres que nuestra sociedad nos impone: culturas como la musulmana prescinden totalmente del tenedor, por ejemplo. Esto, facilita las tareas de limpieza y supone un considerable ahorro en agua y detergentes.

– Supresión de los platos: Ya nos hemos desecho de la limpieza de cubiertos. Ahora podemos prescindir tambien de los platos. ¿Cómo?. Pues muy sencillo: arrojando la comida directamente sobre la mesa. Los más escrupulosos pueden desinfectarla con alcohol o acetona después del postre, o bien comprarse otra mesa cada determinado periodo de tiempo.

– Adiós a los sartenes y cacerolas: He aquí la parte más complicada. Es prácticamente imposible deshacerse de estos instrumentos, pues sin ellos es casi imposible cocinar. Sin embargo, una cubeta de metal puede muy bien cubrir las funciones de una olla y, además, puede guardarse en un sitio fresco y seco hasta nuevo uso. La sartén es menos prescindible, es por así decirlo, el objeto leitmotive del soltero. De hecho, una soltería digna se forja a sartenazos. Bueno, exagere un poco, no es tan grave. Sin embargo, se puede usar cualquier otro objeto que sustituya el sartén, como por ejemplo: señal de tránsito, charola metálica empleada en los bares, tapa de lavadora, etc); la creatividad que tiende a crecer en la soltería, nos asombra en la mayoría de las veces.

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