Andrés Neuman, Premio Alfaguara de Novela 2009


“Me considero una persona sensata y equilibrada, porque todas mis locuras -que son numerosas y peligrosas- las tengo atadas en corto gracias a la escritura”

Con poco más de 30 años de edad, este escritor argentino –hijo de músicos emigrados- con residencia en Granada, España, ha sido considerado como uno de los mejores nuevos autores latinoamericanos. Su gran novela: “El viajero del Siglo”, despliega un intenso argumento, pleno de intrigas, con un puente entre la historia y los debates de nuestro presente globalizado.

Andrés ¿de niño que querías ser de grande?

-Sin ninguna duda: Futbolista. Quería ser delantero y poeta. Yo creía que tenía más talento para meter goles que para escribir, y el tiempo me fue desmintiendo. Mi equipo favorito era el Boca. Además me tocó una época muy triste del equipo, después de la era Maradona. Aprendí a perder en mi infancia al ver al Boca perder, y aún así me gustaba el fútbol. Comencé a escribir muy pronto, el deseo futbolístico y el literario eran simultáneos, no veía contradicciones en ambos.

Para mí el fútbol fue un verdadero salvavidas, por ir en un colegio de varones, ya que eso era una jungla en donde yo me sentía un extraterrestre, sólo y frágil; el fútbol era una manera de hacerme respetar con mis compañeros, Entonces el fútbol se volvió una pasión y un escudo. Después me di cuenta de que la literatura era eso mismo, y empezó a reemplazar al fútbol. Se tornó en una forma de conversar con los demás. Mi ideal de vida imaginario era ser futbolista por las mañanas y escritor al bajar el sol.

-¿Recuerdas el primer libro que leíste?

-Mi padre era muy narrativo. Me contaba cuentos -no me los leía- los inventaba. Era una invención detrás de otra, hasta que se lograba formar un argumento absurdo e irreal, pero que disfrutaba mucho. Escuchaba cuentos, incluso mucho antes de leerlos. Por otro lado estaban los comics, que mi generación ha leído: Tin-Tin, Astérix, Mafalda. No mucho de superhéroes, la verdad nunca me convencieron. Me creía mucho más a los personajes inseguros y temerosos, por eso rápidamente pasé a la novela.

Porqué en el comic todos los personajes eran demasiado invulnerables. Por otra parte leía novelas de misterio a los 10 u 11 años. Robin Hood, novelas de Julio Verne. Los libros de “Elige tu propia aventura” antecedente del juego de rol, porque eran novelas con cierta interactividad al ir tomando decisiones.

Y paralelamente a esto, leí otro tipo de literatura que fue la que terminó de abrirme los ojos, o de cerrármelos en todo caso: los cuentos de Edgar Allan Poe, especialmente el de “William Wilson”, en donde habla de alguien llamado William Wilson que es destruido por otro personaje de nombre William Wilson. Su otro yo, y también su enemigo íntimo. Me resultó muy reveladora la idea de que tu peor enemigo eres tú mismo.

Esta dimensión psicológicamente era muy sugestiva. Ese era el primer cuento de esa colección de Poe que tradujo Julio Cortázar. Entonces comencé a leer a Cortázar, a quien lo conocí en primera instancia como traductor, ya después me sorprendió saber que ese él era igual o mejor que el mismo Allan Poe. También en esa época leía poemas de Oliverio Girón, los cuales me divertían mucho por el juego del lenguaje que manejaba. Y muchos otros clásicos…

¡Acabo de recordar algo importante!: había una colección de libros con discos de acetato, no recuerdo su nombre, pero lo principal era que se trataba de cuentos tradicionales pero narrados en el disco. Allí me di cuenta que la literatura no sólo entraba por los ojos, sino también por el oído. El tema de que aprendiera a leer escuchando los discos en donde alguien narraba la historia, me permitió descubrir que la literatura es visual y auditiva al mismo tiempo. Esto me impactó muchísimo. Y hasta el día de hoy, ya que “El viajero del Siglo”, es una novela conversada; en lo personal, la oralidad y la musicalidad de la prosa es indispensable.

_visd_0000JPG00E7W-¿Escribir para ti es un rito? ¿de qué forma lo haces?

-Es un ritual, pero empieza con la primera palabra que se escribe. Es decir, no creo en los preámbulos rituales. Las personas creen que la literatura romántica proviene de los prejuicios, de las leyendas urbanas o de las películas. Es insufrible cuando en una película se ve a un músico, por ejemplo, que nunca afina, nunca se hace daño en los dedos al tocar el instrumento, nunca ensaya, nunca hace escala…comienza a tocar como si fuera un rapto divino de inspiración, ¡ja-ja-ja! Y lo mismo ocurre con los escritores.

Se le da una importancia tremenda al momento de la preparación de la escritura, como si se esperara a que cayera la noche, y que sonara un canto gregoriano, que se quemara incienso, etc. Cosa que parece más una clase de Yoga. La iconografía te da a entender que hay que entrar a un transe para poder escribir. Estoy en contra de eso.

El ritual es la escritura misma y lo que sucede en el momento en que se empieza a escribir. He ido perdiendo progresivamente costumbres al hacerlo, de las cuales antes me aferraba con mayor o menor fetichismo. Ya no necesito ni un espacio concreto, ni unos preámbulos específicos. Tengo algunas preferencias cada vez más sencillas, como es el silencio, las habitaciones luminosas y más o menos vacías.

Muchos escritores hasta el día de hoy escriben en su biblioteca, en un lugar donde los libros los acompañan. A mí los libros me hacen ruido, es curioso, como si los estuviera escuchando. Cada vez me gusta más el vacío y el silencio… mi casa está atestada de libros, pero en mi escritorio sólo hay diccionarios y es allí donde me gusta escribir. Porque siento que ese espacio vacío está por ser escrito, es una zona neutral que se parece a una página en blanco.

-¿Cómo te imaginas que será el viajero de fines del Siglo 21?

-No me lo imagino. Cada vez que alguien hace una película de ciencia ficción, como por ejemplo “2001 Odisea del Espacio” de Kubrick, se queda en el pasado. Me interesa mucho más analizar el presente, creo que tenemos cierta obsesión por pronosticar el futuro, que en realidad es evasivo. Vivimos en una sociedad del ¿qué pasará mañana?, como una forma muy sutil de negligencia del hoy. No nos preocupa la situación económica, sino ¿cuándo se va a acabar la crisis?. En tiempo de elecciones, en plena campaña queremos saber ¿cómo va a votar la gente?. No lo que se está debatiendo y proponiendo.

Es una sociedad enferma por los sondeos, los pronósticos y las profecías. Y eso que parece un ejercicio de responsabilidad, en realidad tengo la sensación de que es un modo permanente de huir del presente. Lo que se, es que los viajeros del presente somos nómadas-sedentarios. Somos viajeros potenciales, podríamos ir a todas partes, pero no vamos a ninguna. Podemos obtener información de todos los lugares y sabemos que tenemos medios de comunicación muy avanzados y veloces, pero nos quedamos frente a una pantalla todo un día. Y esa paradoja me interesa explorarla en la novela.

-¿Cuál es tu responsabilidad social como escritor antes y después de haber ganado el Premio?

-No creo que los premios tengan nada que ver con la responsabilidad. La conciencia del escritor es la misma, se gane le premio o no; la responsabilidad social de los escritores es la misma que la de los panaderos, los taxistas y la de los carpinteros. Ya es hora de dejar de enfocar al escritor como si fuera un ser mesiánico y oracular, que le dice a los ciudadanos cuál es la verdad. Esta es otra forma de evasión.

Les pedimos a los intelectuales que nos guíen porque no tenemos ganas de tomar nuestras propias responsabilidades. Creo que un escritor paga impuestos y un taxista también, así que uno es tan responsable de lo que pasa en su país como el otro. Creo en el compromiso del ciudadano, lo que no creo es que el compromiso del ciudadano escritor, sea mayor que el del ciudadano mesero. O nos comprometemos todos o nadie se compromete.

Los escritores que se suben al púlpito y se dirigen a su pueblo para orientarlos, me producen asco. Y me da pena la gente que los escucha. Me parece que el mecanismo democrático es suficientemente endeble y poco representativo, y uno de sus problemas es que las listas de las personas quienes trabajarán con el candidato elegido, no son abiertas, no las selecciona el pueblo. Bastante poco representativo es el sistema para encima de esto, que nuestro compromiso cotidiano de opinar y manifestarnos, sea trasladado a un señor cuya especialidad sea el contar historias o escribir poemas.

No he entendido esto. Alguien dirá que el escritor es más culto, pero conozco a escritores incultos y personas que no escriben y son muy cultas. Entonces también habrá que consultar con los historiadores, a los filósofos, los sociólogos. ¿Por qué el escritor de ficción tiene que tener una rol oracular? El compromiso tiene que ser en todos los aspectos, y creo que vivimos pecando por omisión. Siempre vivimos trasladándole la responsabilidad al otro. Para mi una buena metáfora es la basura, mi primera novela que es “Bariloche” trata sobre dos basureros que recorren las calles de Buenos Aires, y a mi siempre me ha interesado la metáfora social del basurero, ya que es un señor al que le damos nuestra mierda para que se la lleve lejos.

La basura es demasiado íntima y la metemos en una bolsa que es opaca para que no se vea el contenido y pagamos para que se la lleven. Ese es el modelo del ciudadano burgués medio. Y yo no quiero colaborar en esa cadena de otorgarle la voz a otro, mejor opinemos todos.

-¿De qué trataría una novela sobre México?

-Algo curioso me acaba de pasar en el Aeropuerto al ir de promoción a Monterrey. En la librería estaban las novedades, en dos filas de libros. La primera tenía los títulos sobre ensayos políticos, reportajes sobre narcotráfico y violencia. Y en la otra fila, las novelas de ficción. Un buen comienzo de historia sería el de alguien que comienza a leer los libros más vendidos en México y se pregunta ¿si esos libros son una denuncia o son un negocio, o ambas?.

Es decir, ¿México quiere conocerse bien o quiere alimentar su leyenda negra? Casi hay un entusiasmo al respecto, de sensacionalismo. La primera sería la del personaje que no sabe si es denuncia o es cómplice de la corrupción y violencia. Y tal vez una segunda historia, sería la aplicación a la ciudad de México del cuento de Cortázar “Autopista del Sur” donde hay un atasco de tráfico y la gente comienza a hacer vida y comunicarse con sus vecinos y fundan una comuna de coches detenidos.

-Así como Hans se quedó en Wandernburgo y dejo de viajar, ¿qué ciudad escogerías para quedarte y por qué?

-Bueno, Hans llega accidentalmente allí. El secreto muchas veces del arraigo y la felicidad consiste en aceptar los accidentes y las casualidades. Pero también depende ¿para qué?… En Bélgica hay un ciudad hermosa llena de canales, expendios de cervezas artesanales, y edificios barrocos: Gante.

Y esa combinación me parece casi irresistible. Pasaría una temporada romántica allí. Si de escribir se trata, paradójicamente iría a una ciudad perdida, una ciudad sin interés. Por que las ciudades muy fascinantes te interrumpen y te reclaman, y no te dejan escribir. Así que no iría ni a Nueva York, ni a Berlín, ni Londres, ni Madrid, por mencionar cuatro de mis ciudades favoritas. Preferiría un pueblo de montaña o costero, eso sería la ideal. A Buenos Aires me gusta ir pero con boleto de vuelta, a dosis cortas. Esta ciudad te fascina y te maltrata, te recibe y te expulsa, te enamora y te harta.

DSC05022-Empleando el conocido dicho: “De músico, poeta y loco todos tenemos un poco”… ¿cuál es tu parte loca?

-Cuando veo a un escritor que parece muy loco, me da la sensación de que no escribe lo suficiente. Es decir, creo hay dos clases de escritores: el que decide escribirse así mismo como personaje y los que deciden trasladar toda su demencia, maldad, miedo, bondad, ternura y emoción a los libros. Un escritor desequilibrado no ha aprovechado lo suficiente el gran poder exorcista de la literatura. Yo me considero una persona sensata y equilibrada, porque todas mis locuras -que son numerosas y peligrosas- las tengo atadas en corto gracias a la escritura.

Así que toda mi locura la puedes encontrar en mis libros. Me parecen sospechosos los escritores que parecen locos, porque tengo la sensación de ocupan demasiada energía en cultivarse a si mismos, y poca en los libros. Porque si de verdad trasladaran su locura a los libros, deberían estar serenos y tranquilos. Es una transferencia brutal la de la literatura, cualquier disparate que pueda tener en mí, está volcada en el papel. Tengo mucha locura pero no la verás en mi trato, prefiero que se mantenga encuadernada.

-¿Haz tenido tiempo de pensar en tu próximo proyecto?

-Pensarlo sí, hacerlo no. Y eso me está acercando peligrosamente a la locura que hablábamos. Llevo una libreta donde tomo notas y tengo varias ideas. La primera y fundamental, es el sobrevivir a esta gira de promoción por 18 países, y México es el 11avo. más 8 ciudades de España.

Después de estar una semana completa durmiendo y vuelva a Granada para comprobar que sigo teniendo casa, mujer y esas cosas, entonces desarrollaré la idea para otra novela, de la cual he estado tomando muchas notas todo este año. En mi cabeza está la historia, una historia muy diferente a la de “El Viajero del Siglo”. Un libro nuevo es la oportunidad de volver a aprender a escribir de nuevo. Lo que puedo decir es que transcurriría en época actual, y tendría como protagonista a un niño. A la vez, tengo otra lista de cuentos y poemas que tendría que corregir y ordenar, para ver la posibilidad de hacerlos libro.

tim-burton-paris-2005-nicolas-guerin-Si tu novela se hiciera película, ¿qué director te gustaría que la dirigiera?

-En España hay un director muy literario, que también es escritor y que casualmente estaba en el jurado para otorgar el premio del la novela, pero que apenas conozco. Su nombre es Gonzalo Suárez, autor de “Remando al viento”. Y una fantasía loca sería que Tim Burton la hiciera, sería adorable. Me imagino los carruajes y los personajes del salón literario de los Gottlieb, vistos a través de su lente deformante.

Porque Wandernburgo es una ciudad oscura, inquietante, torcida, cuyas calles cambian de lugar. Sin embargo, para Tim Burton hay algo que es demasiado inocente y es el tema del sexo. Sería una versión de Burton más subida de tono. Una de mi películas favoritas de él es “Big Fish”, pocas veces he llorado tanto y tan legítimamente en el cine, como con esa cinta. Es muy conmovedora. Así que si te enteras de que Tim Burton quiere poner algo de dinero en hacerla, yo le suplico de rodillas que nos llame, y tú y yo nos vamos a partes iguales. ¡Ja-ja-ja!

-¿Para ti qué es ser inteligente?

-No destruir lo que amas. Hay un poeta español llamado Aníbal Núñez, que en uno de sus versos dice: “Es en nombre de aquello que destruyes, lo menos que debieras saber y lo bastante para no destruirlo”. Hay mucho inteligente suelto que se dedica a destruir lo que ama y siempre me pregunto: Dios mío, ¿si eso es inteligencia, cómo serán los tontos?

-¿Una copa de vino con qué se acompaña?

-Mmmmm…depende. Si eres alguien educado por argentinos, sólo tienes dos opciones decentes: una, la de una buena pasta casera y la otra es, indudablemente un jugoso bife de chorizo. En otros países podrán dar otras respuestas, pero la mía necesita ser esa, sin más.

-¿Un buen libro con que se acompaña?

-Con tiempo. Leer requiere tiempo, pero genera algo más interesante y es que fabrica tiempo. Los lectores necesitan tiempo para leer, pero cuando lo hacen sienten que tienen más tiempo. Un lector es alguien que ha vivido muchas vidas, y cuando miramos atrás nuestra vida es relativamente aburrida, relativamente limitada, y un poco pobre por muy aventureros que nos creamos. Todo será como decía Borges: “tomar un puñado de arena, soltarlo de nuevo y decir: estoy modificando el Sahara”. Vivir es eso.

Por mucho que hagamos será como ese puñado de arena, que trata de modificar el desierto; pero si tú lees a tu memoria se suman todas las vidas vividas y las vidas leídas, todas las vidas ajenas, los personajes, lo que te ha pasado, lo que no te ha pasado, lo que te gustaría que te pasara, y lo que temes que te pase. Esa conciencia de nuestra vida se ensancha tanto gracias a la lectura, que sentimos que hemos tenido más tiempo gracias al haber leído. Así que el único y mejor acompañante de los libros es el tiempo. El que necesitamos para hacer la acción y el que nos devuelve multiplicado el libro que estamos leyendo.

http://www.andresneuman.com

*Entrevista realizada el 4 de agosto 2009, Ciudad de México.


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s