Nicolás Alvarado: Una buena conversación es un juego de seducción



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Joven conductor de televisión, poseedor de una memoria privilegiada, y cuya actividad preferida es la escritura, la cual le permite alcanzar la tan anhelada fase de creador. Con un libro por entregar, con otro en proyecto y una obra de teatro por escribir, nos presta su tiempo y su espacio para ponernos a pensar.

– ¿Cómo se logra transitar de una TV cultural acartonada, aburrida, y solemne hacia una TV atractiva, divertida e inteligente?

-Hay que entender que la TV es un lenguaje. Durante muchos años se hizo una televisión cultural que no comprendía a la televisión como lenguaje, se pensaba que se podía colocar una cámara en cualquier situación para registrar lo que estuviera sucediendo y plasmarlo en la pantalla. Una conferencia o presentación de libro es una cosa maravillosa “en vivo”, en TV es aburridísima. Un ballet, una ópera, una obra de teatro puede funcionar bien con un director de cámaras que comprenda el lenguaje de la televisión. Y una reflexión sobre un determinado asunto puede funcionar bien en una revista o libro, pero no necesariamente a través de la televisión.

Durante muchos años se hizo una TV cultural que registraba lo que sucedía en las manifestaciones culturales, no era buena. Cuando se comprende que la TV es seducción, es espectacularidad, es inmediatez, es ritmo, se puede usar ese lenguaje para transmitir cualquier tipo de contenido. Creo que ha habido un fenómeno, afortunadamente en los últimos 20 años que ha hecho que la TV cultural sea cada vez más atractiva. En México los grandes pioneros en esto, han sido en su caso, Alejandra Lajous en Canal 11 y Enrique Strauss en Canal 22. Creo que esto consiguió que hubiera un interés muy tímido e incipiente, por la televisión privada en abrir algunos espacios culturales. Y de manera muy asombrosa, aunque marginales, las televisoras públicas culturales han empezado a captar cada vez más índices de audiencia.

Un programa como “La dichosa palabra” que tenga 4 puntos de rating es algo que me entusiasma mucho. Ya que indica que hay muchas personas que les interesa que les hablen de lengua y literatura.

-Las industrias culturales en manos de jóvenes….

Ha habido un cambio de espíritu. Quizá por que ha habido un cambio de paradigma ideológico también. En los sexenios priístas se tenía una cierta concepción de la cultura, más orientada a la exhaltación de los sentimientos patrios, muy orientada hacia adentro, sin ganas de colocar a México en el mundo, sino de hablar sólo a los mexicanos, con una coptación del mundo intelectual para apuntalamiento político. Ahora se hace política de otra manera y por ende, se hace -política cultural- de otra manera. Lo que me llama la atención en el caso de  Jorge Volpi o Fernando Sariñana, y me llama la atención satisfactoriamente, es que las instituciones culturales están ahora en manos de los creadores.

Entonces hay una tendencia a comprender mejor a los creadores gracias a que ellos mismos son creadores. Esto los sensibiliza más hacia los problemas del aparato cultural. Y es gente que no necesariamente seguirá su carrera en la administración pública, tienen una misión en ella en este momento, pero más adelante continuarán con su labor. Hay un mutuo enriquecimiento entre la experiencia privada y la pública lo que fortalece al aparato cultural.

-¿Crees que exista algo entre la conocida alta cultura y la cultura basura, una especie de término medio?

-Si, por supuesto. Creo que toda expresión cultural es legítima si es lo que quiere ser, lo que se propone de origen. En mi iPod tengo música de Stravinsky y música de Amanditita, ambos son lo que se proponen ser. En medio hay muchísimas expresiones. Hay una cierta categoría artística o cultural conocida como el “mid code”, que es aquello que se esfuerza en ser asequible a un público másivo en aras de la rentabilidad comercial. Es decir, está traicionando su esencia mercadológicamente para apelar al mínimo denominador común. Estas expresiones no me entusiasman demasiado.

Pero cuando una expresión es legítima y es lo que quiere ser a todo lo ancho creo que es valiosa, aún a pesar del alto o bajo volumen de público seguidor. Me parece muy importante el cambio de paradigma que se dió a partir de la generación de Umberto Eco o Roman Gubern, en donde es posible pensar lo popular desde la alta cultura, a través de herramientas teóricas y herramientas literarias incluso, que permiten acceder a lo popular y comprender a la sociedad a través del estudio de lo popular. A mí eso siempre me ha resultado absolutamente fascinante. Es decir, la literatura del Siglo 19 es algo que me apasiona; pero comprender un fenómeno como el de las telenovelas es algo que también me apasiona. Es posible hacer reflexiones inteligentes y complejas sobre ambos fenómenos.

-¿Qué medio prefieres para promover y divulgar la cultura?

Lo que más me gusta es escribir. Yo soy un escritor que ahora hace TV, no soy un conductor de TV que escribe. Yo en 30 años no se si me vea haciendo TV, pero si me veo escribiendo. A la vez, es muy diferente mi trabajo como escritor y mi trabajo televisivo. En este último, mi trabajo es de divulgación (tanto en el espacio de Primero Noticias, La Dichosa Palabra, y los demás proyectos en los que he participado) el ánimo es de divulgación. Ya que la TV es una gran herramienta para hacerlo, insuperable hasta el momento.  Creo que la TV comienza a morir; pienso que acabará fusionada con el Internet. Pero mientras la pantalla de la TV es una y la pantalla de la computadora es otra,

la primera es la forma más privilegiada de divulgación de cualquier cosa. Aunque no es el medio que más me gusta. En términos personales, el que más sufro pero a la vez, el que me ha dado mayores satisfacciones es la escritura. Sea en libros, revistas, periódicos, obras de teatro, o en internet, incluso. El segundo es la Radio, extraño mucho la radio, hay cierta magia, particularmente de la radio nocturna que hice durante mucho tiempo. De hecho me gusta más producir TV que estar a cuadro. Me parece el medio menos interesante como experiencia personal, pero sin duda, el más eficaz en términos de divulgación. En la escritura yo no busco divulgar, busco reflexionar, crear. Todos los medios tienen su parte de angustia por sus propias formas y esencias.

-¿Qué crees que se necesita para tener una buena conversación?

– Lo primero que se necesita, es no tener ganas de llegar a ninguna parte. Eso es lo más importante. Una buena conversación no es un argumento, no es un ejercicio dialéctico, no es un discurso. Es un juego. Además de incluir el humor en todo esto, ya que con éste la conversación se vuelve en una gran experiencia. Creo que pensar en la seducción ayuda mucho, sin pensar en ésta como un asunto de ligue en una pareja, por ejemplo, sino seducir al interlocutor y estar abierto a dejarse seducir por el otro. Una conversación es algo muy parecido a un paseo. Conversar se parece un poco a perderse por una ciudad y ver qué se descubre.

-Si fueras el personaje de una novela, ¿qué personaje serías? ¿De qué novela? y si ¿te gustaría cambiar el final de la historia?

– ¡Que buena pregunta….! automáticamente lo que me vino a la mente es una novela francesa del Siglo 19 que se llama “À Rebours” y ha sido traducida de dos maneras al español: “Contranatura” o “Al Revés”, el autor es J.K. Huysmans. En donde se describe la historia de un hombre: -Des Esseintes- que se dedicó por mucho tiempo a los placeres urbanos en París, a las mujeres, a la vida social, al vino, pero que al final queda astiado de la gente y se retira a vivir completamente solo a un lugar alejado con dos personas a su servicio, pero que al acomodar de cierta manera los horarios, nunca los ve o se topa con ellos. Y se dedica a vivir rodeado de buenos libros, con buen vino, con buena ropa, con buenos muebles, con buenos cuadros y finalmente se vuelve loco, ya que le hace falta el contacto humano, y rompe su soledad y regresa a la vida social. No cambiaría el final. Me gustan mucho los productos culturales, me producen mucho menos conflicto que la gente, pero no podría vivir sin ella, y me gusta mucho disfrutar de ella, y hasta padecerla. Me gustaría tener la experiencia del personaje y poder regresar con la gente.

-¿En qué género literario te gustaría que se plasmara tu propia vida? Una novela, cuento, ensayo, poesía…

-Me gustan mucho los libros “anfibios”, que abrevan de todos los géneros literarios. De hecho los dos libros que tengo publicados son libros anfibios. “Con M de México”, es un libro que mezcla, cuentos, ensayos, con algunos coqueteos con el guión de cine, con la poesía. “La ley de Lavoisier” es un libro de ensayos, inscrito en el marco de una especie de novela. Me parece que la vida no pertenece a un sólo género, ni a un sólo registro. Me gustaría que tuviera de todos los géneros.

-¿El tener una memoria prodigiosa en la actualidad significa poseer una especie de “súper poder”?… en esta época de fugacidad e inmediatez de la información

– Jajaja… Es una herramienta. A veces cuando me pongo crítico con “La dichosa Palabra”, me preocupa no estar transmitiendo que ser culto, o ser inteligente o ser sensible, equivalga retener una gran cantidad de datos. Espero en verdad que eso no se transmita erróneamente. Retener datos sirve, no hay duda. Sirve para pensar, para divertirse, para cuestionar, sirve para muchas cosas y acceder a otras tantas. Pero no es un bien en sí mismo. Tengo muy buena memoria. A veces recuerdo muchas cosas y no me gusta del todo estar acumulando tanta información, pero no lo puedo evitar.

-Sobre tu experiencia en la obra “Cena de Reyes”, tu aparición ya en el terreno de la dramaturgia…

-Fue divertídisimo. Una de las grandes experiencias de mi vida. Yo no sabía que era dramaturgo, y me gustó mucho descubrirlo. En algún momento Gerardo Kleinburg cuando era director del Festival Internacional Cervantino me invitó a pensar qué se podía hacer para hacerle un homenaje a Alfonso Reyes en su 50 aniversario luctuoso, lejos del formato del mantelito verde y la botellita de agua. Yo tenía ganas de hacer algo con cocina, y otro querido amigo Eduardo Cassar, compañero del program, me había regalado poco antes una primera edición de las “Memorias de Cocina y bodega” de Alfonso Reyes, y estaba encantando leyendo ese libro. Fui a ver a otra buena amiga, Aurora Cano, con quien he producido teatro desde hace algún tiempo y le planteé el asunto y ella pensó rápidamente en “La Cena” el cuento más famoso de Reyes. Cena más cocina… ya empezaba a sonar algo. A partir de eso, me fueron convenciendo de que podía escribir teatro, me gusta mucho, lo he leído y visto bastante.

Escribí ocho tratamientos antes de llegar a la versión definitiva de la obra en sí. Aurora fue generosamente despiadada con cada uno de los siete primeros. Ya en el proceso de ensayos fue maravilloso descubrir que lo que uno escribe, porque aunque está basado en textos de Reyes, la historia e intervención es de mi autoría, adquiere un significado distinto en manos de un director y unos actores. Se descubre que se habían escrito cosas que uno no sabía, eso es mágico. Ya que la labor de escritor es muy solitaria, ya que lo que escribo son historias que yo me cuento a mí mismo, con la opción de que el lector les de un significado importante. Pero ver lo que hace un director y un grupo de actores con un texto que uno escribió, es magia. Una experiencia muy feliz. De hecho hay un proyecto de escribir una nueva obra de teatro más adelante.

-¿Con qué acompañas un buen libro?

-Con un buen cigarro. Se que ya no está de moda, pero sigo siendo un fumador feliz. El otro día que fui a mi sesión de psicoanálisis, llegué a una conclusión que me dejó muy asombrado: “Mi relación más sana es con el cigarro”, cosa que me asombró. Y no es que todas las demás sean tan enfermas. Finalmente el cigarro lleva implícita la idea de muerte, es decir, es algo que nos acerca con la muerte. Creo ser un buen fumador en el sentido de que estoy conciente de los riesgos que corro al fumar, no estoy coqueteando con la muerte, no fumo cuatro cajetillas al día, y lo asumo en aras del placer que me propina.

Y finalmente llegué a terapia con la muerte como un tema que me estaba rondando por allí, y descubrí que es una buena manera de aceptar que somos mortales. Por lo que descubrí que era una relación muy sana la que tengo con el cigarro.

–  Si fueras dueño de una Librería, ¿qué nombre tendría?

–  Que buena pregunta. Pienso en Jorge Luis Borges. En la imagen recurrente del bibliotecario en su obra, en la biblioteca como laberinto. Pienso en el nombre de “Jardín de senderos que se bifurcan” y en la biblioteca laberinto que contiene ese cuento. No sería tan memorable, tal vez sea un poco largo… jajaja. Pero estoy seguro que los buenos lectores borgianos lo disfrutaríamos mucho.

– Y si fueras el dueño de un restaurante, ¿cuál sería el nombre?

Es algo que me gustaría ser, sin lugar a dudas. Lo tengo, aunque no es mía la idea ya que me la dijeron en una cena, pero suena bastante bien. Un lugar pequeño con mesas afuera, en donde se pudiera fumar por supuesto y de nombre llevaría: “La banqueta de Babette”, en vez de El Banquete de Babette. Me parece un gran nombre para un restaurante, tomada del cuento de Karen Blixen bajo el pseudónimo de Isak Dinesen, que fue hecha película en 1987.

-Al sentarse a la mesa en un restaurante, casi siempre se sirven cuatro tiempos de alimentos. ¿Qué libros recomendarías en ese orden?

-Para empezar, la entrada sería poesía. Poesía ligera. “Las Greguerías” de Ramón Gómez de la Serna, puede ser la mejor opción ya que son textos breves con una sola frase, en una sola linea, que expresan humor. Es algo simplemente para divertir el paladar. Como segundo tiempo, como sopa, que debe ser reconfortante, “El primer hombre” de Albert Camus. Es un libro que me gusta mucho, es triste pero que es entrañable. Da calorcito en la panza, como una buena sopa. Después, de plato fuerte, necesitamos un libro sustancioso, como “Lolita” de Vladimir Nabokov. Es un libro sorprendente. Es muchas cosas. Es un libro que parece la historia de un viejo verde, pero que termina siendo una extraordinaria novela de amor. El postre debe ser un libro dulce y delicioso, una obra de teatro: “La importancia de llamarse Ernesto”, de Oscar Wilde. Es un libro muy divertido, es delicioso, es frívolo, como debe de ser un postre.

¿La cultura es o debe de ser un acto científico o empírico?

–  Es una pregunta difícil. No lo tengo muy claro. Creo que la cultura no debe de ser nada. Es muchas cosas. Puede ser científica y empírica y muchas otras cosas más. No debe ser de una sola manera.

-¿Qué bella arte te gusta más?

Estoy un poco escindido en esto. Pero la que me gusta más es la Arquitectura. La Arquitectura me produce serenidad. Tiende a gustarme la Arquitectura en donde la función y la forma son una misma cosa. La Bauhaus, la arquitectura funcionalista. Me produce una sensación de perfección realizada, acabada. En mis peores momentos me consuela mucho la Arquitectura. Tal vez sea un arquitecto frustrado, ya que no se dibujar y no soy bueno para las matemáticas.

-¿Qué pecado te llama más la atención?

-La soberbia, por desgracia. Es un pecado que cultivo con frecuencia. Y la soberbia moral es un pecado que tengo que expiar. Me importa mucho ser una persona moral, creo que es una virtud importante, pero en mi caso creo que peco de soberbia en el ejercicio de la moral. Pero sin duda mi perdición es la soberbia.

-Con tantas actividades en tu agenda y con tan poco tiempo para dormir, ¿te permites soñar estando despierto?

-Para ser sincero no recuerdo mucho mis sueños de noche, es muy raro. Alguna vez mi psicoterapéuta me amenazó con hipnotizarme sin los recordaba. Pero despierto sí, sueño mucho…Durante el día se me ocurren muchas cosas y proyectos. Tengo que terminar un libro que ya tengo que entregar bajo contrato, porque tengo el proyecto de otro libro y de una obra de teatro más, y que no he tenido tiempo para escribir.

-¿Hacia dónde se dirige el ámbito cultural en México y su divulgación?

-El fenómeno me preocupa mucho y no le veo una verdadera solución. Creo que todos somos un poco culpables de ello. Los creadores nos acomodamos fácil en el sistema, y vamos recolectando becas y apoyos todo el tiempo, en lugar de proponernos los proyectos culturales como empresas potencialmente rentables, y no sólo rentables en el aspecto económico, sino en términos de imagen para un empresa privada.  Por ejemplo, me llama mucho la atención las alianzas que se dan en otras partes del mundo, entre las empresa privadas y el mundo de la cultura me asombran muchísimo.

El mundo de la moda ha hecho esfuerzos importantes por ello. Por ejemplo, que Chanel le apoye un museo itinerante a Zaha Hadid, que Louis Vuitton abra un centro cultural en el Bosque de Boloña al oeste de París, que también Louis Vuitton invite a Takashi Murakami a diseñar un bolso; todas estas cosas me impresionan mucho. Ya que hay un suerte de subvención de las artes desde el mundo de la moda, y resultan rentables desde el término de imagen. Yo veía a las señoras apuntándose en la lista para comprar la bolsa de Takashi Murakami. Esto me resulta muy estimulante. Esto en México no pasa mucho, son pocas las empresas privadas que tienen un interés sobre la cultura y por otra parte están nulamente estimuladas por la legislación a ello.

Es decir no tenemos un verdadero esfuerzo de políticas públicas, ni de legislación para atraer a la iniciativa privada a proyectos culturales. No les importa a los partidos políticos, ni al gobierno federal, ni los gobiernos estatales, porque no entienden muy bien cómo se come eso de la cultura. Creo que vamos hacia el estancamiento, a la reproducción del modelo. Sí, afortunadamente, el FONCA funciona, la Universidad produce cosas, los estados fomentan los festivales pero sigue siendo insuficiente y seguimos teniendo una cultura subsidiada, por lo tanto cara y marginal.

¿Para tí qué es ser inteligente?

-Ser inteligente es ser capaz de dominar las propias pasiones.

*Versión extensa. Entrevista publicada en versión corta en la Revista GENTE, diciembre 2009.

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3 comentarios

  1. Que tal,

    Este es un Blog en donde aparecen textos publicados con anterioridad. A través de esta vía es imposible poder contactar a los personajes.

    Gracias!

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