Hidalgo… la historia jamás


Generalmente las películas con un planteamiento histórico son difíciles de narrar, producir y promocionar. Sobre todo en  México. Los clientes, por decirlo de algún modo, son incipientes por dedicarle un par de horas de su tiempo de entretenimiento y sobre todo, en estas épocas de golpeteo económico, invertir $60 pesos en cada boleto y arriesgarse a poder disfrutar de una historia bien narrada.

El guión primario, participó en un concurso convocado por los recientes y multicitados festejos de la celebración del Bicentenario del inicio de la Independencia por el Conaculta a través del Imcine; mal que bien, esto lleva cierto reconocimiento. Aunque mi posición es que el director y co-guionista, egresado de la Universidad iberoamericana, Antonio Serrano, es un director aunque no prolífico, si taquillerón vgr: “Sexo, pudor y lágrimas” de 1999. En fin, iremos al grano en la propuesta fílmica y de tratamiento.

Al ser apresado en Chihuahua en 1811, Miguel Hidalgo, el cura criollo movilizador e instigador a reformular la situación del todo crítica, de las clases sociales de la Nueva España, trae a su memoria en una especie de flashback –no del todo ortodoxo- sus años en la Universidad Nicolaita en Valladolid (hoy Morelia) y su mudanza a la paupérrima parroquia de San Felipe TM, en Guanajuato. Sitio en dónde se enaltece su carácter destripante, fiestero y por que no, de galán provocador de las mujeres de “clase”. Tal vez hasta estos momentos la historia fluya bien, y aunque el reparto de talento –mucho del cual proviene de las filas de TV Azteca-, sea bueno en general, me detendré en la delicada y expresiva función de los consabidos “Diálogos”.

¿Así se hablaba?

Existen en varios de los personajes, modos, ademanes, entonaciones y acentos, que cualquier historiador o cronista de la época (inicios del Siglo XIX) constataría radicalmente que no eran las formas de expresión de esto años recreados en la cinta de 2hrs de duración. No se… Me vienen a la mente y el recuerdo, entonaciones de pláticas agrointelectuales de café de la colonia Condesa o peor aún, de cualquier película de comedia romántica actual con Eugenio Derbez o Drew Barrymore. Creo que tal vez, hacer el match entre la situación jocosa de la película y la risa del público, se pueda lograr de muchas otras maneras y posiblemente, hasta con un descarado mutis de los actores-personajes. No son demasiados estos diálogos descronológicos, pero en mi percepción, sí son bastante notorios y te brincan con el desenvolvimiento posiblemente natural de la narración.

Por otro lado, la cuestión de acontecimientos rígidamente históricos, cumple a cabalidad. Desde la expulsión de los jesuitas de todos los dominios del corona española en 1767, la degradación de Hidalgo de su posición de sacerdote católico, hasta el fusilamiento del propio héroe de 57 años, irónicamente en el patio del Antiguo Colegio de los Jesuitas, convertido en esas álgidas épocas, en cuartel y cárcel, y hoy, en Palacio de Gobierno de la ciudad capital del Estado.

Lo interesante y que se plantea como un descubrimiento, ya por muchos conocido y vendando durante muchos sexenios por la SEP, es el carácter sexoso del conocido “Padre de la Patria”. Es decir, su prolífica fertilidad al tener varios hijos no reconocidos y vincularse con diversas mujeres, aún siendo religioso. Cosa no del todo polemica, después de enterarnos de las atrocidades del multicitado Padre Marcial Maciel, ciudadano mexicano fundador de los Legionarios de Cristo fallecido apenas hace un par de años.

Demasiado Tartufo…

Caso concreto de mi crítica de esta cinta, es en el tiempo invertido de proyección sobre el tema de la austera puesta en escena de El “Tartufo” de Molière dentro de la historia. Quizá el director quiso denotar claramente las influencias francesas de Hidalgo y por ende, la inclinación de sus ideas modernistas y su gran apetito por obras teatrales con gran carga de ideas críticas y renovadoras. Al final, y después de varias escenas largas y repetitivas sobre este pasaje teatral dentro de la cinta, que conlleva a que los actores sean personajes dentro de sus personajes primarios, Miguel Hidalgo se ve así mismo como un impostor, igual al de la obra estrenada poco más de 100 años atrás y prohibida por la realeza de Luis XIV de la Francia de esos ayeres.

Esta situación se torna algo cansada y fatiga de algún modo la conciencia de saber y ver representado en la pantalla situaciones con un tono más histórico. Al final, se comprende su ideario, al recrear y regresar la historia a sus días finales de prisión en Chihuahua.

Singularmente es una película que en lo general, satisface este acrecentado nacionalismo de un par de días. Seguramente tendrá, con sus 300 copias a nivel nacional, una buena recibida y también una buena entrada económica para sanear la producción, que por mucho es bastante distinguida en locaciones, paisajes, vestuario, arte y fotografía. Demian Bichir, a quien no veíamos desde hace tiempo en películas, se nota más maduro, sobre todo en las escenas de la cárcel. Ana de la Regada, (sic) cumple con el papel de ornamento. Ojalá y más adelante sobresalga un poco más, en personaje y también insisto, en diálogos más enriquecedores.

Esto no es una calificación ni una descalificación, sino todo lo contrario, jejeje… de hecho, hubiera dado gustosamente mi tiempo por estar en la realización de la película; simplemente es una apreciación de éste su sencillo visualizador.

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Un comentario

  1. interesante punto de vista, lástima del desperdicio actoral de anita de la reguera, talento bien exaltado por el maestro c. carrera en backyard y capadocia. Estoy de acuerdo en que el morbo que provoca la cinta es por ver al cura pecar con semejante belleza, enaltecida en carmesí en el póster alusivo, aunque por otro lado se entiende porque fue aprobado el guión: yéndose por la tangente al respecto de su promiscuidad comúnmente vedada y enalteciendo su carácter de prócer al asociarlo con la ilustración, resaltando su actitud crítica y lograr una identificación mayor con él al bajarlo de su aire inmaculado, pero no hay propuesta y se queda en el intento de entrar a su verdadera complejidad, como humano, como hombre, como insurgente

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