Exceso de sonrisas, no de peso


Los cambios en los hábitos de alimentación nos hacen ver lo que realmente queremos por dentro.

Hace algunas semanas, por razones de mi trepidante trabajo en el departamento de ventas, visité una: empresa, no; escuela, no; institución, tampoco. Mmmh… “Clínica colectiva” tal vez sea el término más razonable para estos lugares en donde -más mujeres que hombres-, asisten por voluntad propia y ajena también, y someterse a un regimen de alimentación riguroso y desechar esos kilogramos de más como consecuencia de las pervertidas conductas alimenticias acumuladas con los años. La situación es distinta en comparación con una tradicional clínica de nutrición, aquí cada quien expone colectivamente su situación personal, con respecto a su problema de sobrepeso, algo así como en AA. Yo pensaba que este tipo de lugares únicamente existían en las películas o programas de TV, sin embargo los hay. Me queda claro que la vida es esto y muchas otras cosas curiosas.

En la antesala para entrevistarme con mi contacto, el Sr. Delgado (¡Mejor apellido ninguno!) y ofrecerle un atractivo plan de mi empresa, presencié a escasos metros de mi, una de tantas, supongo, sesiones grupales del día. Escuché y vi cómo Roxana, María, Adriana y Andrea rememoraron sus peores actos de exceso de comida; contando la triste historia de cómo fue su primer encuentro –y abuso- con el pastel de chocolate, su tórrido idilio con los paninis con doble ración de todo y su permanente dependencia los fines de semana con el dulce de avellana y crema batida por sobre los 5 anchos hot-cakes colocados en un amplio plato extendido. ¡Increíble…! Uno como hombre jamás hubiera pensado que hay personas que sufren tanto por estos temas. Están las penas de noviazgos rotos, problemas laborales y hasta despidos injustificados, vaya, hasta reservaciones en hoteles no reconocidas que arruinan totalmente una vacación. Pero para mi esto, si tenía un caracter y un tono mucho más serio. Se observaba en el rostro pálido y avergonzado de quienes compartieron sus no muy gratas experiencias alimenticias apocalípticas.

El único hombre que estaba en la sesión, -además de mí- era alto y de pelo cano, ya mayor de los 50 años quizá. Él no dijo, ni participó en nada, tan solo escuchó e iba tomando notas en un viejo cuaderno. Me dió la impresión en su momento, que estaba allí exclusivamente para a través de su narración, poder convencer a su esposa que fuera a la clínica, quizá. Definitivamente él no tenía sobrepeso, todo lo contrario.

Lo que me pareció realmente valioso en esos escasos minutos que estuve presenciando los ires y venires de historias personales, antes de concreter el objetivo de mi presencia en ese lugar, es que definitivamente las diferencias y similitudes entre lo femenino y lo masculino, nunca me dejarán de sorprender. Pensamos y razonamos de diferente forma, pero me da la impresión –una vez más- que lo que se siente es lo mismo. Puedo entender que el redundante tema del sobrepeso en el cuerpo, los tipos de dietas, lo que se come a diario y los excesos en las porciones, es algo con lo que estamos identificados casi todos. Yo en la preparatoria usaba talla 34 de pantalón, y eso era un gran número, ¡creémelo! Gracias al desarrollo de mi cuerpo y a la insistencia de mis padres de hacer ejercicio y no andar de vago, y claro, reducir el consumo de alimentos chatarra, pude eliminar esos kilos extras y reducir tallas de ropa.

 

dieta-3Al salir de la CAS (Clínica Anónima de Sobrealimentación, por ponerle un nombre) recordé los tiempos preparatorianos y la relación de noviazgo que tuve con V. Ella como muchas otras compañeras escolares de la época, mantenía muy bien escondidas las curvas de su cuerpo con pantalones holgados, sudaderas amarradas a la cintura, cadera o a lo que se dejará sostener. Sin embargo, yo así la quería. Al regreso de unas vacaciones que pasó con sus padres en el norte del país, en donde por cierto la alimentación no es tan prodigiosa, V regresó preocupada de que yo ya no me interesara en nuestra relación, que si bien pasó por algunas malas rachas, era estable y divertida. Me acuerdo haberle dicho a V mirándola a la cara: “Yo valoro por sobre todo que ambos seamos divertidos y que compartamos un exceso de sonrisas; no destrozemos lo que tenemos por dudas y miedos a causa de un exceso de peso. Te quiero tal cual como estás”.

Texto enviado a la Revista GLAMOUR, para la sección “Mateo dice…” no publicado. Enero|2015

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