El tequila: bebida de orgullo nacional


El agave verde azuloso o agave azul “tequilana weber”, por su denominación de origen, es utilizado desde el siglo XVI para elaborar la bebida del tequila. No obstante, su origen se remonta a dos mil años atrás, cuando, con esta planta, se producía un licor fermentado, considerado por los indios ticuila como sagrado, por lo que sólo se bebía en fiestas y ceremonias religiosas. Años después, los españoles, conquistados por Mayahuel (Diosa del maguey), también adquirieron la costumbre de beberlo en la punta de un cuerno de vaca.

Se dice que el agave es correoso, fibroso, aguantador. Se arraiga en tierras secas, porque ahí es donde mejor florece, paciente en su crecimiento y maduración (ocho años aproximadamente), y es en la piña, en el corazón del agave a ras de suelo, donde se concentra el jugo del cual se producirá el tequila. El agave y su procesamiento es justo lo que hoy queda reconocido como Paisaje Cultural, Patrimonio de la Humanidad.

Al haber sido inscrita en la lista de Patrimonio de la Humanidad, se asegura la protección universal de la región del Valle de Tequila, la que incluye los municipios de Amatitán, Arenal, Tequila y Teuchitlán en el estado de Jalisco. El paisaje, integrado por 34 mil 658 hectáreas entre el pie del Volcán Tequila y el profundo cañón del Río Grande, es excepcional.

El reconocimiento otorgado al paisaje agavero y a las antiguas instalaciones industriales de Tequila validan también los valores de tradición y la cultura inherentes a esta zona, así como su trascendencia en todo el territorio mexicano.

El Caballito: nombre que se le da al vaso tequilero, actualmente es de vidrio, en forma cilíndrica con cierta angulación que hace que la boca sea más ancha.
El origen de llamar “caballito” a este vaso, se remonta a la época de los hacendados que tenían posesión de tierras agaveras y acostumbraban salir a caballo a supervisar los trabajos del campo. Generalmente llevaban consigo dos “guajes”, en uno agua y en el otro tequila.

También tenían la costumbre de llevar colgado al cuello, un cuerno de bovino recortado y ahuecado, que utilizaban para beber el tequila a la usanza de entonces, esto es, de un solo golpe. Cuando se les preguntaba la razón de llevar el cuerno colgado, contestaban: “Es p’al tequila en el caballito”.

Tequila, sal y limón: esta costumbre fue adoptada por los amantes del tequila, casi desde sus inicios, y según los enterados tenía una razón de ser. El proceso muy artesanal para obtener el aguardiente de las mieles del agave, que se obtenía a principios del siglo XIX, era sumamente fuerte en alcohol y congéneres de la destilación, por lo que al ponerlo en la boca resultaba muy agresivo.

Para hacerlo más “abocado” se recurría a dos elementos auxiliares: la sal y el el limón. En efecto, cuando colocaban la “pizca” de sal dentro de la boca, ésta producía una mayor salivación que contribuía a disminuir el impacto quemante de la bebida. Al pasarlo por la garganta, e inmediatamente chupar el limón, éste jugo cítrico aliviaba el escozor que se sentía en la garganta.

Algunas de las propiedades populares del Tequila: quita la angustia, lima asperezas, cierra tratos, aligera los caminos, aumenta la alegría, suelta la lengua, elimina la timidez, abre puertas, cura la tristeza, mejora la digestión, acorta las esperas, arregla corazones rotos, extingue la culpa, mata las lombrices…etc.

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